CUIDA TU CORAZÓN

"¡Cuida tus alas!", decía san Agustín a
los jóvenes. En obvia alusión a sus
deseos de volar alto, de volar lejos, de
volar con prisa.
Jesús parece decirnos: "¡Cuida tu
corazón!". Porque el corazón, en sentido
bíblico, constituye las alas del espíritu.
Ahí, en tu corazón, decides si levantas el vuelo o te quedas en
tierra; si vuelas con rumbo o vas a la deriva del viento; si vuelas
alto o bajo...
Qué es el corazón
El pensamiento griego –particularmente Aristóteles– separa como
esferas distintas de la persona, aunque íntimamente relacionadas,
sensibilidad, emotividad, afectividad, inteligencia y voluntad.
El pensamiento hebreo, en cambio, mucho más sintético y vivencial,
concentra todas estas dimensiones en el corazón de la persona.
Así, para la Biblia, el corazón es la sede no sólo de los sentimientos
y afectos, de los sueños y proyectos, sino también de las grandes
decisiones morales. Todo "se cocina" ahí dentro.
***
Jesús insiste, particularmente, en el corazón como centro de la
moralidad del ser humano. Ahí donde decidimos nuestra calidad,
estatura y valor como personas. Porque la esencia de la persona
humana, a diferencia de la de los animales y las cosas, es una
esencia abierta.
El ser humano permanece siempre abierto al crecimiento interior,
al perfeccionamiento como persona. Más aún, dicho crecimiento es
una ley interior, un mandato inscrito en su propia esencia. Por eso
en nuestro corazón resuena siempre una voz que nos dice: "¡Sé
más!". So pena de ser menos.
El ser humano no puede seguir siendo el mismo con el paso del
tiempo: o crece y mejora, o empeora; o se humaniza más o se
deshumaniza. Lo explicaba el filósofo español José Ortega y Gasset:
«Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede
"destigrarse", el hombre vive en riesgo permanente de
deshumanizarse». La dignidad moral del ser humano radica, en
definitiva, en esa posibilidad de ser más o ser menos persona.
Y para Jesús, el ser más o ser menos persona se juega en el
corazón. «No es lo de fuera lo que mancha al hombre; es lo que
sale del hombre lo que mancha al hombre». Ahí, en el sagrario
íntimo de tu corazón, es donde tú decides quién realmente quieres
ser (…).
El corazón se cultiva igual que un jardín: hay que escoger bien lo
que se siembra, arrancar abrojos, eliminar plagas, regar
frecuentemente y podar cuando hace falta. Los corazones buenos
no se improvisan.
María, como buena Madre, conoce como nadie el corazón humano.
Pon el tuyo en sus manos. Dile que quieres cuidarlo. Pídele que te
ayude a sembrar y cultivar en él sólo buenos pensamientos, buenos
deseos y buenas acciones.
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Por el P. Alejandro Ortega, L.C. - Gentileza de yocreo.com -
Fuente: laoracion.com
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